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FUNDE
A:
EXT. ESTACION DE CERCANIAS - ATARDECER
Un
pequeño y apenas concurrido apeadero
de cercanías.
Sentando en el extremo final de la estación,
en uno de los bancos con los que cuenta
el recinto, alcanzamos ahora a ver a un
hombre de unos sesenta años, cuya
presencia grave, inmóvil y casi toda
ausente, transmite una indefinible sensación
de aflicción. Sobre las piernas tiene
una pequeña carpeta azul de material
plástico. ALBERTO echa una ojeada
al reloj de la estación y queda nuevamente
absorto. Al escuchar la llegada del tren
se pone en pie como disparado por un resorte
invisible y clava su vista en el convoy,
observándolo con una mezcla de inquietud,
impaciencia e incertidumbre a medida que
se aproxima a la estación. Conforme
el tren disminuye su velocidad y pasa frente
a Alberto, éste mira hacia las ventanas
de cada vagón; lo hace a una distancia
prudencial, para tener quizá una
visión más amplia del interior
del convoy, que se detiene finalmente en
el apeadero emitiendo un fuerte y desagradable
chirrido causado por el rozamiento de las
zapatas de los frenos sobre las ruedas.
Si desciende o no algún viajero del
tren, es algo que a Alberto no paceré
importarle, pues toda su atención
se ha centrado en las ventanas cuando el
convoy se encontraba en movimiento.
Tras un breve pitido, el tren reanuda rápidamente
la marcha mientras Alberto observa muy serio
cómo se aleja de la estación.
INT.
CASA DE ALBERTO. SALON - NOCHE
Escuchamos
cómo alguien entra en la casa, enciende
la luz de lo que podría ser quizá
la cocina, llena un vaso de agua bajo el
grifo y lo bebe con avidez.
La
luz de la habitación en la que nos
encontramos se enciende. En PRIMER TERMINO
vemos un marco de fotografía vacío
que está tumbado sobre la mesa del
comedor. Al fondo vemos una mesita camilla
de tamaño mínimo sobre la
que hay una lámpara de mesa, un teléfono
inalámbrico y un segundo marco conteniendo
la fotografía de una mujer de unos
setenta años. Alberto entra en la
estancia, deja sobre la mesa la carpeta
azul que llevaba consigo en la estación
y se sienta a la mesa, serio y pensativo.
El
hombre abre la pequeña carpeta azul
de plástico y saca de su interior
una fotografía que coloca con sumo
cuidado en el interior del marco vacío.
Se trata de un hombre joven, que en la imagen
aparenta unos treinta y cinco años.
Alberto coloca el marco sobre la mesa, frente
a sí, y observa la fotografía
con fijeza.
Tras
unos instantes de introspección,
se levanta con el marco de fotografía
y lo deja sobre la mesita camilla, junto
al otro marco.
Alberto
sale de la estancia y apaga la luz.
INT.
SALA DE ESPERA Y CONSULTORIO - DIA
Al
abrirse la puerta del consultorio vemos
salir a una mujer joven con un niño
de unos diez u once años; Alberto,
tocado con una bata blanca, se despide de
ambos junto a la puerta y dirige su mirada
hacia el próximo paciente, a quien
invita a pasar al interior del consultorio
con cierta familiaridad:
ALBERTO
(afable)
Paco,
adelante.
PACO,
un hombre de similar edad a la de Alberto
y de aspecto culto, accede al consultorio
y cierra la puerta de éste tras de
sí.
INT.
CONSULTORIO - DIA
Alberto,
que está consultando algo en la pantalla
del ordenador que tiene en su mesa, dice
a su paciente:
ALBERTO
Los
análisis están bien, pero
aún estás algo falto de hierro.
Debes continuar con el hierro por lo menos
un mes más. Y te voy a subir el Omeprazol
a 40 mg., por lo menos hasta que te hagan
la próxima gastroscopia. Si se te
ensuciara la lengua o empezaras a sentir
rechazo a la comida, ya sabes, ayuno de
24 horas y suero oral, aunque yo creo que
esto lo tienes ya superado. No obstante,
mira las deposiciones.
PACO
Eso
hago.
Alberto
trata de imprimir un par de recetas mediante
la impresora conectada al ordenador, pero
ésta no funciona.
ALBERTO
¡Bueno,
ya estamos como siempre! Te haré
las recetas a mano y acabo antes.
Paco
saca de su cartera un papel en el que figura
un nombre y un número de teléfono,
y lo coloca sobre la mesa de Alberto, muy
cerca de la receta que está cumplimentando.
Alberto mira hacia el papel, mira después
a Paco muy serio y continúa cumplimentando
la receta.
ALBERTO
Ya
te dije en su momento que no creo en este
tipo de cosas.
PACO
No
pierdes nada por probar. No te va a pedir
dinero.
ALBERTO
Probar
qué, Paco, ¿probar qué?
PACO
Me
dijiste que lo que más sentías
es no haber podido despedirte de tu padre.
Alberto
deja un momento de escribir y clava su vista
en Paco.
PACO
Esta
persona te conducirá a él.
Alberto
observa introspectivamente a su paciente
durante unos instantes; finalmente, comenta
mientras continúa cumplimentado las
recetas:
ALBERTO
Los
muertos, muertos están.
PACO
¿No
te gustaría volver a ver a tu padre
por última vez y poder despedirte
de él...?
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