Momentos
Luis de la Fuente. Fragmento inicial del largometraje "Momentos" (1998)
 
Género: drama.
Duración del guión sin créditos: 90' 00".
Nº de páginas: 82 (descarga de pago para leer el guión completo).
Sinopsis: Juan Carlos, un autor teatral de mediana edad que está a punto de estrenar su obra, conoce a una chica joven que se acaba de incorporar a la oficina de administración del teatro y que le recuerda a Carmencita, una niña con una infancia desgraciada de la que estuvo profundamente enamorado cuando tan sólo era un crío. A partir de ese momento, las sincronicidades no sólo harán que el pasado y el presente de Juan Carlos acaben dándose cita, sino que se verá inmerso en una catarsis al descubrir aspectos de un pasado cuyo desconocimiento le atormentaba.
 

1.- CALLE DEL MADRID ANTIGUO. PORTAL, ESCALERAS Y CORRAL DE VECINOS. EXT. E INT. DIA.

IMAGEN DESDE NEGRO.

Aunque ha dejado de llover sigue escuchándose algún que otro trueno en la lejanía.
Enfrente, al otro lado de la estrecha callejuela, se observa una puerta de aluminio de considerables dimensiones que impide el acceso a una vieja casa del Madrid antiguo. La CAMARA nos aproxima lentamente hacia los vidrios esmerilados con los que cuenta el portalón hasta que, mágicamente, los atravesamos...

Según la CAMARA se adentra hacia el interior del edificio, desembocamos en un alargado y estrecho patio de vecinos formado por no más de cuatro o cinco pisos o galerías de tipo abalconado, a las que se accede a través de una vieja escalera con peldaños de madera; la CAMARA, a medida que sube por las escaleras y recorre lentamente la galería del primer piso, cuyo suelo vemos mojado según qué zonas por la intensa tormenta caída momentos antes, va mostrándonos las distintas puertas de acceso a las viviendas. Tras recorrer otro tramo de escaleras nos detenemos frente a una determinada puerta de la galería situada en la segunda planta. Salvo el ruido del agua cayendo desde el tejado por algún que otro canalón del edificio y el de algunas gotas de agua estrellándose en las barandillas y en el suelo del patio, no alcanzamos a escuchar otro sonido. Se diría que nos encontramos en un edificio suspendido extrañamente en el tiempo.

FUNDIDO EN NEGRO.



2.- CAFETERIA, CALLE Y ENTRADA PRINCIPAL DEL TEATRO. INT. DIA

Una cafetería pequeña y acogedora del centro de Madrid situada frente a un Teatro.
El dueño del local, éste último prácticamente vacío, saluda a la persona que en ese momento accede al establecimiento, un hombre de unos cuarenta y pocos años de apariencia culta y vestimenta un tanto informal:

Dani (con ese deje propio del que está todo el día saludando).- Hola, Juan Carlos, buenos días. ¿Lo de siempre?

Juan Carlos.- Lo de siempre.

Martina, una mujer de aspecto centroeuropeo de unos sesenta años, a la que ahora vemos en una mesa situada junto a uno de los grandes ventanales del bar repasando un buen montón de instantáneas que acaba de recoger en alguna tienda de revelado fotográfico, se vuelve hacia Juan Carlos, al escucharle.

Martina (con naturalidad y desparpajo; reforzando sus palabras con un gesto de la mano).- Ven, Juan Carlos, acércate un momento. Anda, ven. Ven.

Un fuerte acento eslavo ha bañado sus palabras.
Juan Carlos, que estaba a punto de sentarse a desayunar en la barra, se aproxima hacia la mesa de Martina, sentándose finalmente frente a la mujer.

Martina (tendiéndole parte de las fotografías, las que ya ha visto).- Son las fotos de Venecia. A ver que te parecen.

Juan Carlos comienza a ojear las fotografías, deteniéndose en una en la que aparece Martina junto a un grupo de jovencitas.

Juan Carlos (señalándola con las fotografías que sostiene en la otra mano).- Esta es Bernarda Brazzi, ¿no?

Martina, que estaba viendo otras instantáneas, echa una rápida ojeada a la fotografía que Juan Carlos tiene en ese momento ante sí.

Martina.- Sí.

Juan Carlos.- Me la imaginaba un poco más joven.

Martina.- Ya tendrá bien cumplidos los treinta y cinco, sí..., o quizá más.

Juan Carlos y Martina continúan repasando las bonitas fotografías.

Juan Carlos (sin detenerse en ninguna fotografía en especial)- Por lo que veo, en este viaje fuiste sola, ¿no?

Juan Carlos vuelve del derecho una fotografía que aparece boca abajo en el mazo; antes de contar con tiempo material para fijarse en la instantánea, en la que vemos a Martina junto a una atractiva mujer de unos cuarenta años, se ve obligado a dirigir la vista hacia su compañera debido al jocoso comentario que la misma hace con relación a su marido.

Martina.- Sí, hijo, sí: Norberto no pudo venir... ¡Menos mal!

Juan Carlos sonríe ante la ocurrencia de Martina y sin saber por qué desvía la vista hacia la calle; vemos cómo dos operarios descargan material de un camión aparcado frente a la puerta principal del Teatro y lo introducen en el interior de éste.

Martina (medio en broma, medio en serio; sin levantar la vista de las fotografías que tiene ante sí).- ¡Sí, es verdad, hombre! Si es que me tiene ya...

Una chica joven, de alrededor de veinte años, cruza la calle junto al camión. Juan Carlos observa a la chica con extraña fijeza hasta que desaparece en el interior del Teatro. Martina echa un vistazo a su reloj y se levanta a toda prisa mientras ase con suavidad las fotografías que Juan Carlos tiene entre sus manos:

Martina (algo azorada).- ¡Uy, Dios mío! ¡Qué tarde es! Me tengo que marchar.

Juan Carlos sale de su ensimismamiento sin haber llegado siquiera a ver la instantánea que sujetaba entre las manos.

Martina (con prisas).- ¡Parece que estoy oyendo ya a éste! Te dejo el dinero aquí. Hasta ahora.

Martina sale del bar como alma que lleva el diablo. Dani, el dueño del local, deja el café con leche y el bollo de Juan Carlos sobre la mesa, retira el servicio de Martina y, agachándose, recoge del suelo una fotografía que deja sobre la mesa.

Dani (según se vuelve hacia la barra).- Va a perder un día la cabeza.

Juan Carlos clava la mirada en la instantánea que Dani ha dejado junto a él; finalmente, cogiéndola con la mano, la observa durante un buen rato con verdadero detenimiento. En la instantánea vemos a Martina junto a la misma chica joven que acabamos de ver entrando en el Teatro, ambas de pie en uno de los puentes del Canal de los Suspiros, en Venecia.

FUNDIDO EN NEGRO.


3.- ESCALERAS Y CORRAL DE VECINOS. INT. DIA.

La CAMARA sube el tramo de escaleras que conduce a la galería de la tercera planta; se detiene junto a la puerta de otra vivienda.

FUNDIDO EN NEGRO.



4.- TEATRO. CORREDOR Y DESPACHO. INT. DIA.

Entre una notoria variedad de notas y avisos de la más variopinta procedencia que empapelan literalmente un corcho clavado en la pared, se lee:

Alquilo piso zona Antón Martín.
Llamar al teléfono 91 - 448 73 72 (noches).

Vemos a Juan Carlos de pie en el corredor cotilleando ocioso el tablón de anuncios situado frente a la pequeña oficina de administración del Teatro. Aunque tenues, las voces de Martina y Maite, su nueva ayudante, se dejan escuchar tras la puerta:

Voz de Martina.- Este es tu contrato. Se lo voy a llevar ahora mismo a Alejandro para que lo firme. Y tú ya sabes: has entrado por el anuncio en el periódico.

Voz de Maite.- Sí, sí, no te preocupes.

Voz de Martina.- A ver si se te va a escapar...

Voz de Maite (interrumpiéndola).- Que no, Martina, no te preocupes.

Voz de Martina.- ¡Te doy en el culo si no!

Martina sale al corredor cerrando la puerta de la oficina tras de sí.

Martina (A Juan Carlos; sin detenerse, bromeando).- ¡Qué!: ¿de paseo? ¡A ti te ponía yo a picar!

Martina le guiña un ojo según se aleja corredor adelante.

Martina.- ¡Ya verías tú lo que es bueno!

Martina abre una puerta situada al otro extremo del corredor; al hacerlo, se establece una corriente de aire que remueve los papeles del tablón de anuncios y entorna la puerta de la oficina lo suficiente como para que Juan Carlos eche un vistazo a su interior. Maite, la misma chica joven que hemos visto entrando en el Teatro en la segunda secuencia, levanta la vista del ordenador frente al que está trabajando al sentirse observada. Juan Carlos escudriña a la chica con extraña fijeza, como si reconociera en ella a alguien que hace tiempo que no ve. Un portazo seco, inesperado, cierra de nuevo la puerta de la pequeña y algo deslucida oficina.

FUNDIDO EN NEGRO.



5.- ESCALERAS Y CORRAL DE VECINOS. INT. DIA.

La CAMARA sube el tramo de escaleras que conduce a la galería de otra planta; se detiene frente a la puerta de una vivienda del edificio.

FUNDIDO EN NEGRO.



6.- TEATRO. ESCENARIO ATREZADO CON UNA MECEDORA Y UNA VENTANA. INT. NOCHE.

IMAGEN DESDE NEGRO.

Primer plano de una mujer mayor, de unos setenta y tantos años. La penumbra en la que se encuentra inmersa nos impide averiguar en qué lugar nos encontramos.

Tote (circunspecta; hablando para sí).- No, no. No he llegado a perder la noción del tiempo todavía. Recuerdo esas y otras muchas cosas de mi infancia... Pero de Mario...

Recapacita.

Tote.- De Mario me acuerdo siempre... Ahora tendrá...

Se intimida al pensarlo.

Tote (con auténtico sentimiento).- ¡Dios mío...! ¡Pobre Mario!



7.- CALLE. EXT. NOCHE.

Juan Carlos camina a paso ligero delante de nosotros, cubriéndose con un paraguas de la intensa lluvia que anega las calles.



8.- TEATRO. ESCENARIO ATREZADO CON UNA MECEDORA Y UNA VENTANA. INT. NOCHE.

La mujer de avanzada edad continúa con su monólogo:

Tote.- La niñez... Lo recuerdo todo como si hubiera sucedido ahora mismo. Ayer.

Se vuelve colérica.

Tote.- Se me ha escapado la vida entre las manos. Sin saber cómo...

Los ojos se le llenan de lágrimas.

Tote.- Sin haber tenido nunca a Mario.



9.- CALLE Y CALLEJUELA. EXT. NOCHE.

Juan Carlos dobla la esquina y se adentra en una estrecha y solitaria callejuela por la que, debido al aguacero o no, apenas se observan transeúntes.



10.- TEATRO. ESCENARIO ATREZADO CON UNA MECEDORA Y UNA VENTANA. INT. NOCHE.

La mujer mayor, que gracias al lento pero progresivo alejamiento de la CAMARA barruntamos ya que se encuentra sobre el escenario de un pequeño Teatro, continúa con su sentido monólogo:

Tote.- ¿A quién no le gustaría volver a empezar? Hacer las cosas... de otra manera. No sé si bien o mal, pero...

Con verdadera angustia, apenada:

Tote.- No así.

Baja el rostro con abatimiento.

Tote.- No así.



11.- CALLEJUELA, PUERTA DE SERVICIO DEL TEATRO Y CORREDOR. EXT. E INT. NOCHE.

Juan Carlos se dirige hacia la puerta de servicio del Teatro. Nada más adentrarnos con él en el amplio corredor nos vemos envueltos en una cálida atmósfera en la que apenas nos ha dado tiempo material para percibir el eco de una voz de mujer que reverbera en la distancia. Juan Carlos cierra su paraguas y lo agita para escurrirle el agua, según se encamina pasillo adelante.



12.- TEATRO. ESCENARIO ATREZADO CON UNA MECEDORA Y UNA VENTANA. INT. NOCHE.

En la penumbra del escenario la soberbia actriz continúa con el monólogo que está ensayando:

Tote.- Lo que más me asombra es lo rápido que ha pasado el tiempo. Recuerdo hasta los horribles calcetines que Carlos, al que Dios tenga en su gloria, llevaba el día que nos conocimos.

Hace una breve pausa y luego dice muy sentida:

Tote.- ¡Mira que eran feos!



13.- TEATRO. CORREDOR, BASTIDORES Y ESCENARIO ATREZADO CON UNA MECEDORA Y UNA VENTANA. INT. NOCHE.

El eco de la voz de Tote acompaña a Juan Carlos de camino al escenario.

Voz de Tote.- ¡Pobre Carlos! ¡Hasta para morir tuvo mala suerte...! Nunca le conté lo de Mario. Claro que, ¿qué importancia podría tener un niño de mi barrio para Carlos...? ¡Quién sabe, lo mismo están los dos riéndose de mí desde las alturas!

Juan Carlos reduce el paso para evitar hacer ruido y observar así la magnífica interpretación de Tote entre bastidores.

Tote (alzando la vista como si realmente estuvieran suspendidos sobre su cabeza).- ¡No os preocupéis, que yo voy en la siguiente hornada!

Abajo, sentadas en el patio de butacas, alcanzamos a distinguir tres personas: dos hombres de mediana edad que siguen con atención la interpretación de la actriz, ora al natural, ora a través de un monitor profesional de televisión que tienen frente a sí y un tercero, aparentemente un actor de avanzada edad, que observa atentamente el trabajo de su compañera desde una butaca situada en la fila inmediatamente posterior a la ocupada por los hombres mencionados anteriormente.

Tote.- Ahora agradezco no haber tenido hijos, así nadie tendrá que pasarlo mal cuando me muera. Vendrán los del Seguro, ese fantástico Seguro que tus padres nos regalaron al casarnos, que a quien se le diga que ese fue nuestro único regalo de bodas no se lo cree y ¡ale, a la mierda!

La actriz se inclina en su mecedora como si se dirigiera a alguien a través del ventanuco que tiene a su lado como parte del decorado:

Tote (gritando para que la oigan).- ¡Y se acabó el contrato de alquiler por cuatro duros! A cobrar cien mil pesetas por este cuchitril sin ascensor en el que se ha consumido mi vida entre esperanzas, desengaños y deseos que vagarán ya por siempre insatisfechos.

De nuevo, la tristeza le puede.

Tote.- Me voy ya, Carlos; Pedro, hermano; padres... Mario... Mario: en mi pasado está contenido tu recuerdo que el paso del tiempo ha vuelto amargo... Niño mío. Perdurará en tus pupilas el reflejo de mi infancia al igual que el semblante de aquel que un día fue tu joven rostro, bisoño e inexperto, se resiste a perecer entre las fútiles sombras del olvido en mi memoria... Mario..., niño mío.

Juan Carlos, embargado por la emoción, sale al escenario y aplaude a Tote con verdadera vehemencia; las tres personas que se encuentran en el patio de butacas hacen lo mismo. Tote, enjuga las lágrimas que han bañado su rostro durante la representación y se levanta para agradecer a sus compañeros la ovación.



14.- TEATRO. DESPACHO. INT. NOCHE.

El eco de los aplausos con los que Tote está siendo obsequiada se deja escuchar a lo largo de todos los rincones del Teatro.
Martina y Maite, que por unos instantes han abandonado su quehacer, escuchan con embelesamiento los aplausos. En el rostro de Martina se percibe cierta nostalgia; al notar que Maite vuelve la vista hacia ella, la mujer continúa con su labor. Maite, que comprende el gesto de añoranza de su compañera, vuelve de nuevo la vista hacia la pantalla de su ordenador con el fin de no incomodarla.



15.- CASA DE JUAN CARLOS. PASILLO Y PATIO INTERIOR. INT. NOCHE.

Ha dejado de llover. Un trueno apenas perceptible reverbera en la lejanía.
Se escucha de fondo, en el rellano de la escalera quizá, cómo una pareja de adultos cierra la puerta del ascensor a la vez que inquiere silencio a los revoltosos críos que les acompañan.
Vemos a Juan Carlos observando a oscuras cómo las gotas que escurren por los muros exteriores del viejo edificio rebotan sobre la obsoleta y algo abollada plancha de latón que da forma al alféizar de su ventana.
Las luces del pasillo de la casa de enfrente, al otro lado del estrecho y deprimente patio interior que Juan Carlos tiene ante sí, iluminan en ese momento su rostro. Juan Carlos dirige la mirada hacia las ventanas; a través de los finos visillos que las cubren vemos cómo el matrimonio vecino accede a su vivienda entre la algarabía inocente de los pequeños, que no hacen otra cosa que demandar continuamente la atención de sus padres, ora uno, ora otro. La familia se pierde en el interior de la vivienda sumiendo de nuevo a Juan Carlos en la oscuridad y el silencio... En el vidrio de la ventana, mezclándose con el vaho de su propia respiración, aparece de nuevo una luz que al principio confundimos con el reflejo de alguna ventana situada a la espalda de Juan Carlos; poco a poco, a medida que nos introducimos en esas misteriosas imágenes que parecen haber surgido gracias a la intervención de algún proyector invisible, vislumbramos otro lugar, otro tiempo...



16.- CORRAL DE VECINOS. ESCALERAS. INT. DIA.

...Un edificio muy antiguo, de los que ya sólo quedan en el casco antiguo de las ciudades o en las capitales de provincia con solera, bañado en una extraña y mortecina luz sepia. La misma casa que hemos visto en la primera secuencia de la película. Los padres de Juan Carlos, éste, cuya edad no superará los catorce años y Jorge, su hermano pequeño, están a punto de abandonar definitivamente la casa. Juan Carlos, que no hace otra cosa que mirar desde la galería hacia el piso de arriba con creciente angustia mientras sus padres acaban de sacar algunos bultos al rellano de la escalera, dice muy serio:

Juan Carlos (con un hilo de voz).- Voy a despedirme de Carmencita.

Padre de Juan Carlos.- Pero, hijo, si nos vamos aquí al lado. Coges el "metro" y llegas en seguida.

Madre de Juan Carlos.- ¡Deja al chico que haga lo que quiera!

Padre de Juan Carlos.- Pero no tardes mucho, Juan Carlos, que ya está casi todo recogido.

Jorge (riéndose de su hermano de manera inocente).- Carmencita, Carmencita, Carmencita.

Juan Carlos, que lo que menos desea en ese momento es seguir a su hermano la corriente, sube el tramo de escaleras que le separan de su vecina mientras hace acopio del valor suficiente para despedirse. Al llegar al piso de arriba se encuentra a Carmencita en mitad del rellano; la criatura, de unos doce o trece años, que sin saber por qué nos recuerda muy vagamente a Maite, tiene los ojos llenos de lágrimas. Juan Carlos mira con recelo hacia la puerta abierta de la casa de Carmencita.

Carmencita.- No está.

Juan Carlos se aproxima hacia la niña un poco más.

Juan Carlos.- Estaremos muy cerca. Vendré a verte.

Carmencita.- Ya no será igual.

Hablan muy bajito, apenas un susurro pronunciado el uno para el otro.

Juan Carlos.- ¿Por qué?

Carmencita.- Van a cerrar la azotea. Van a hacer una buhardilla o algo así.

Juan Carlos.- Eso no importa. No creo que nos haga falta ya la azotea.

Carmencita.- Ya no será igual.

Juan Carlos se aproxima aún más hacia Carmencita y la abraza; la niña se agarra a él con fuerza mientras los ojos de ambos se deshacen en lágrimas. Finalmente, se besan con extrema delicadeza y dulzura. La voz del padre de Juan Carlos resuena en la corrala:

Padre de Juan Carlos.- Juan Carlos, venga, que nos vamos.

Juan Carlos intenta responder pero sólo le sale un agudísimo "gallo" que acaba ahogado en su propia saliva. El muchacho carraspea y lo intenta de nuevo:

Juan Carlos.- Voy.

Juan Carlos, que escucha cómo sus padres y su hermano cierran la puerta de la vivienda y comienzan a bajar las escaleras, libera a Carmencita de entre sus brazos y se limpia las lágrimas con las mangas del jersey, intentando tranquilizarse un poco. Finalmente, y antes de perderse de vista escaleras abajo, dice muy serio:

Juan Carlos.- Volveré. Vendré a verte.

Juan Carlos se echa a correr escaleras abajo. Carmencita, a la que la tristeza parece haberle clavado los pies en el suelo, se limita a escuchar el ruido sordo que producen las botas del chico sobre los escalones de madera.
El chillido de una alondra al pasar sobre la vertical de la casa desgarra el silencio en el que ha quedado sumida la corrala...



17.- CASA DE JUAN CARLOS. PASILLO. INT. NOCHE.

...Las misteriosas y evocadoras imágenes surgidas en la ventana desaparecen progresivamente; en el hermético rostro de Juan Carlos apenas podemos llegar a atisbar algún tipo de emoción.

 
 
 
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Autores
Luis de la Fuente
Alberto Garijo
 
Textos breves
Luis de la Fuente
Alegoría
A oscuras
Angya
Año Nuevo
Azul
Brooklyn Heights
Cuando nos hayamos ido
El amor los besó
El callejón
El hijo del mecánico
El hogar roto
El rumor
Flotando
Herrumbre
Insomnio azul
Justo y Teófila
La casa de mis abuelos
La ducha
La explosión
La llamada
La mujer del marinero
La partida
Long Beach
Mi infancia se quedó allí
Nocturno
Ojos líquidos
Sag Harbor
Se atenúa la risa
Su primer viaje a Nueva York
Todo había terminado
Un destello de consciencia
Un recuerdo
Una canción de amor
Una estación de tren...
 
Alberto Garijo
Azar eólico
Contacto cósmico
Don Fulgencio
El peor piso de la ciudad
Estirpe Báquica
Instinto, instinto
La antena parabólica
La emanación
La sinceridad del batracio
Las fuentes del río Padre
Manolo echa una cana al aire
Mi auditorio
Misterio menor
Orbital
Otro papelucho más
Productos Concienzudos, S.A.
Reflejos íntimos
Sinonimia frutal
Un bulo
 
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Las sombras
 
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La casa vacía
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