Luis
de la Fuente
Fragmento modificado de "Las
sombras"
Eran
instantes sencillos y pletóricos
que le hacían sentir una extraña
sensación de mareo, una especie
de vértigo en forma de diminutos
estallidos que nacían cerca
del corazón y se diluían
rápidamente por todo su cuerpo,
provocándole escalofríos.
Caminó sin rumbo, primero por
Cobble Hill y después por Carroll
Gardens y Park Slope. Recorrer aquel
paisaje urbano situado a seis mil
kilómetros de casa era como
formar parte de una de esas películas
americanas que solían echar
los sábados en el viejo cine
de su barrio. Cuando terminaba la
proyección y salía de
la sala el tiempo y el espacio parecían
otros, como si las imágenes
y los sonidos de la película
se le hubieran quedado adheridos al
cuerpo y sólo las rachas de
aire frío de la avenida fueran
capaces de ir poco a poco desprendiendo.
Esa misma sensación fue la
que le acompañó aquella
tarde; se sentía tan extraño,
que necesitaba mirarse a menudo en
las lunas de los automóviles
y de los escaparates para constatar
que él estaba allí en
cuerpo y alma, en el centro del mundo.