El plano
Capítulo 6 de la novela "Las sombras" (Luis de la Fuente - 2003)
 

El plano
Carlos, de punta en blanco, salió de su habitación, bajo las escaleras y se quedó de pie frente a Miguel junto a la puerta del salón.
-¿Cómo estoy?
-Feliz -respondió Miguel.
-Feliz… Buena respuesta. Aunque no me refería a eso.
-Le gustarás a Eve, si es a eso a lo que te refieres.
-¿Qué tienes previsto hacer? -preguntó Carlos a Miguel con cierto sentimiento de culpabilidad por dejarle aquella tarde solo.
-Quizá dé una vuelta por Brooklyn.
Carlos dirigió una mirada entorno a la sala.
-Me encanta esta casa. Es enorme. La de mis padres parece una choza comparada a ésta.
-La mía cabría en el paragüero de la entrada.
-No será para tanto. Bueno, Miguel, me voy. Imagino que volveré tarde. Ya te contaré cómo me ha ido con Eve.
Carlos abandonó la sala y se encaminó hacia la puerta de la vivienda.
-¡Y nada de hacer manitas con mi tía, que te conozco! -gritó a Miguel con cierto sarcasmo desde la puerta.
La siguiente imagen que le vino a la memoria era la de Angya entrando en la casa mientras él se encontraba señalando sobre un plano turístico de Nueva York los lugares que creía conveniente visitar. A decir verdad, no es que eso le importara mucho en ese preciso momento, pero necesitaba algún sitio hacia el cual desviar su atención cuando los ojos de Angya se cruzaran con los suyos, y el callejero de Nueva York era lo único que razonablemente podría servirle para tal propósito. La mujer se asomó al salón como si tuviera que pedir permiso para entrar, miró a Miguel con afabilidad, y dijo:
-¡Hola, Miguel! ¿Estás solo?
Estaba seguro de que ella acabaría escuchando los latidos de su corazón si no le respondía en seguida.
-Sí, Carlos ha salido con Eve. Supongo que vendrá tarde.
Angya se fijó en el plano que Miguel tenía extendido sobre la mesa, se aproximó hacia el enorme pliego de papel y le echó un vistazo por encima.
-¡Has ido a tantos sitios en tan poco tiempo! -exclamó, sorprendida.
-No, tengo señalados los lugares que me gustaría visitar.
Angya observó el plano con más detalle.
-No tienes señalado Prospect Park, ni el Brooklyn Museum.
Miguel alzó la vista, interrogante.
-Si me das tiempo para ducharme y comer algo, podemos dar una vuelta por el centro de Brooklyn.
Miguel, que hasta ese momento apenas se había atrevido a levantar la vista del plano, alzó la mirada hacia Angya, cuyos ojos quedaron inmediatamente prendidos de los suyos. Se quedaron así, sin saber muy bien qué hacer, mirándose durante un instante infinito que el pensamiento de Miguel se apresuró a llenar con palabras de amor que sus labios no se atrevían a pronunciar. Angya bajó la vista hacia el plano con cierta turbación mal disimulada:
-Espero que no te aburra salir con una mujer tan mayor.
Angya buscó nuevamente los ojos de Miguel, que la miró en silencio durante unos instantes hasta que, finalmente, se atrevió a decir en voz baja pero firme y sin dejar de mirarla:
-No podría encontrar mejor compañía.
Cuando Miguel se quedó sólo en la habitación no hizo otra cosa que cuestionarse una y otra vez de dónde pudo sacar el valor suficiente para dirigirse a Angya de manera tan audaz.

 
 
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