El regreso de Angya
Capítulo 26 de la novela "Las sombras" (Luis de la Fuente - 2003)
 

El regreso de Angya
Cuando Angya entró en casa y le vio, dejó caer la maleta al suelo y se abrazó a él con todas sus fuerzas, besándole con tal sentimiento que le conmovió.
-Te quiero -le susurró Angya al oído-. Te quiero. Te quiero -repitió de nuevo por dos veces.
En ese instante Miguel se sintió tan ruin por haber pensado mal de ella que le dieron ganas de apartarse para no mancharla. Pero no se movió. Se mantuvieron abrazados el uno al otro largo rato, el suficiente como para que Miguel tomara conciencia de que, por primera vez en su vida, otro ser humano distinto de su madre le quería y se lo confesaba además abiertamente. Se vio de pronto invadido por la íntima certeza de que nunca volvería a ser protagonista de una declaración de afecto tan sentida y sincera como la que acababa de escuchar de los labios de Angya; pensó que tal vez sus almas se habían pertenecido realmente desde siempre y que el azar, que pudiera no ser otra cosa que el desconocimiento de un futuro previamente trazado y hacia el cual nos encamínanos sin capacidad alguna de modificar ni una sola circunstancia de la vida perfilada para cada ser, había obrado el milagro de que se reconocieran el uno al otro, viéndose obligados a asumir lo que el destino les tuviese preparados.

Angya había regresado de Houston con una apremiante, casi desesperada necesidad de afecto, y sólo buscaba la proximidad de Miguel. Agotada como estaba del viaje, acabó durmiéndose abrazada a él en el sofá de la sala. No era raro que Carlos y su hermano hubieran sido incapaces de encontrar a una actriz que superara la belleza de Angya. Sus facciones, contempladas desde cualquier ángulo, superaban ampliamente la idea que cualquier hombre pudiera hacerse del concepto abstracto de belleza en un rostro de mujer. El mismo no podría acertar a describirla comparándola con otra persona porque simplemente no guardaba ningún parecido con nadie que recordara. Pero si de algo estaba seguro es que no fue el físico lo que le desencadenó en su interior la química del encuentro; de haber sido así, no hubiera sabido de dónde sacar el valor suficiente para dar aquel primer paseo con Angya.

Carlos entró en ese momento en la casa, se dirigió hacia la sala y se sentó en uno de los sofás mientras masticaba un chicle con fruición.
-¿Cómo te va con Eve? -preguntó Miguel en voz baja para evitar despertar a Angya.
-¡Yo qué sé! -le contestó de mala gana sin dejar de mirar hacia el paquete de chicles con el que jugueteaba entre los dedos. Tras un instante de silencio, matizó:
-No la entiendo.
Carlos se aproximó con dejadez hacia una de las ventanas de la sala y comenzó a fisgonear nerviosamente el exterior en todas direcciones.
-¡Esta calle de noche parece un cementerio! ¡No pasan coches, no pasa gente, parece un barrio muerto! -dijo alzando el tono de voz, malhumorado.
Miguel no se atrevió nunca a invitar a Carlos a su casa; de haberse asomado una sola vez al diminuto balcón de su habitación no hubiese hecho quizá ese comentario. Carlos consultó su reloj y comentó en voz alta sin dejar de mirar por la ventana:
-No sé si bajar al pub ese de la calle Henry a tomar una cerveza.
-Tienes cervezas en el frigorífico, si quieres.
Carlos se volvió y le miró como si no le reconociera:
-¡Y también tengo un curso de inglés en casa, no te fastidias! ¡Me hubiera ahorrado el viaje hasta aquí de haber caído en la cuenta antes!
Angya, que se despertó en ese mismo instante, sonrió con placidez a Miguel nada más verle; después se incorporó, sentándose en el sofá, y saludó a su sobrino al tomar conciencia de la presencia de éste en la habitación:
-Hola, Carlos.
-Hola.
-¿Qué hora es? -preguntó Angya mientras se despabilaba.
-Las doce menos diez -respondió Carlos según se sentaba de nuevo en una de las butacas de la sala- ¿Tienes que trabajar mañana?
-Me he tomado vacaciones.
-¿Cuánto tiempo? -preguntó, curioso, Carlos.
Angya se quedó en blanco; finalmente, dijo sin demasiada convicción:
-Una temporada.
Angya cogió a Miguel de la mano y le miró a los ojos:
-Tendremos todo el tiempo para nosotros.
Carlos hizo ademán de querer preguntar algo a su tía, pero al final no se atrevió; Angya, que se dio cuenta del detalle, le instó a hacerlo. Carlos buscó las palabras:
-¿Cuánto tiempo hacía que no salías con nadie?
-Mucho tiempo, Carlos.
-Cuánto, si puede saberse.
Angya se le quedó mirando fijamente; tras unos instantes durante los cuales se diría estar valorando hasta qué punto debía sincerarse con su sobrino, le contestó, mesurada:
-Once años.
-¡Qué! ¡Once años! -exclamó Carlos, asombrado-. ¡Eso es mucho tiempo!
Carlos se quedó mirando a su tía como si se tratara de un bicho raro:
-¿No te llegaste a casar nunca?
-Sí; me casé en el 59, pero no duró mucho. Tus padres nunca te contaron nada, ¿verdad?
-Ellos casi nunca hablaban de ti.
-Para El Coronel, para tu abuelo quiero decir, dejé de ser su hija desde el momento en que le dije que quería ser actriz y venir a New York. Ya se encargó él de ir apartándome poco a poco de tu tío Sebas y de tu padre.
-¿Por eso no fuiste a Madrid al entierro del abuelo?
-No fui porque cuando murió mi niño reventado por un maldito autobús en Fulton Street, tu abuelo no fue capaz de llamarme ni una sola vez para darme el pésame o preguntarme cómo estaba. Ni siquiera cuando estuve en Madrid. Mi hijo no merecía semejante desprecio.

Un denso silencio se apoderó de la habitación. Miguel no fue capaz de imaginarse el sufrimiento de perder a un hijo, menos aún bajo unas circunstancias tan horribles. De repente se acordó de aquella tarde lluviosa en la que vio a Angya puesta en pie frente a la ventana del primer piso y creyó adivinar el lugar exacto hacia el cual se asomaban en aquel instante sus pensamientos. Miguel se excusó y dirigió sus pasos hacia el cuarto de baño; no olía a jabón como en otras ocasiones: un hediondo hedor a cieno procedente de alguna alcantarilla atascada le obligó a abrir de par en par el ventanal del servicio. Las entrañas de Brooklyn olían tan mal como las de Madrid.

 
 
Alquiler de apartamentos
 
 
 
Textos breves
Luis de la Fuente
Alberto Garijo
 
Transcomunicación
Psicofonías y psicoimágenes
 
In Memoriam
In Memoriam
 
Enlaces de interés
Enlaces de interés
 
Contacto
staff[arroba]dosautores.com
 
Alquiler de apartamentos
 
Scooters de movilidad
 
Advertencia legal: todos los contenidos de esta página están sujetos a copyright.
Cualquier plagio de los textos o imágenes publicados en www.dosautores.com será puesto en conocimiento de los juzgados de Madrid y/o San Sebastián.
Esta actuación se hará extensiva a la publicación de la totalidad, o parte del texto, fuera o dentro de internet, sin consentimiento por escrito del correspondiente autor.
 
Ayudan a mantener este espacio en la red:
www.25kmh.es
www.alquilerplaya.com