The Fall
Capítulo 28 de la novela "Las sombras" (Luis de la Fuente - 2003)
 

The Fall
Un estrepitoso ruido de tazas estrellándose contra el suelo sobresaltó a Miguel mientras se exploraba con detenimiento su cuerpo desnudo frente al espejo del cuarto de baño; Angya, que estaba en la cocina, dijo que no se preocupara, que se le había caído el desayuno al suelo, que haría otra tanda. Miguel sintió un escalofrío y su cuerpo comenzó a temblar. La entrada del otoño, The Fall, como llaman los norteamericanos a esa estación, estaba próxima y se notaba: la temperatura había descendido y ya no era agradable andar en manga corta por la casa.

Mientras se vestía no hizo otra cosa que intentar recordar de qué color eran los ojos de su madre. La imagen de su rostro se desvanecía con el paso del tiempo. ¡Qué frágil es la memoria y qué rápidamente se diluye en ese infinito vacío que lleva al olvido!

Angya entró en el cuarto de baño en busca del botiquín. Se había hecho un corte en uno de sus dedos con el borde de una taza y tenía dos uñas partidas. Le dijo que había tropezado con una de las sillas de la cocina y se había caído. Algo de eso debió suceder, pues entró en el baño cojeando ligeramente.

Desayunaron sentados frente a frente a la pequeña de la amplia cocina. Miguel notó a Angya preocupada. Sentía su angustia como si sus cuerpos estuvieran unidos por medio de alguna ligadura invisible a nivel del plexo solar y las vibraciones se trasmitieran de uno a otro en cada respiración y en cada latido de sus corazones. Miguel rompió el silencio y dijo con cierto tono de evocación que trató de evitar sin conseguirlo:
-Me gustaría volver de nuevo a Long Island.
Miguel vaciló un poco al ver que Angya clavaba sus ojos en él. -A la playa en la que estuvimos el otro día. Al embarcadero.
Angya le observó con fijeza durante unos instantes para bajar finalmente el rostro, entristecida.
-A mí también, Miguel. A mí también -repitió con desolación.
Miguel se aproximó hacia Angya, se arrodilló en el suelo de la cocina junto a ella y la abrazó con firmeza. Su madre, como Angya, también había perdido un hijo, y cuando las lágrimas le nublaban los ojos no lo hacía por temor a la muerte, sino por el hecho de no poder compartir con él sus éxitos y sus fracasos, por no poder llegar a abrazar jamás a sus nietos, por no poder compartir con él su futuro ni su vida. Angya, tal vez como su madre, lloraba por dentro porque su hijo había perdido todo lo que tenía. Y porque -se enteraría de este detalle algo más tarde- a su pequeño Jaime le gustaba mirar la espuma del mar asomado entre los huecos que separaban los grandes tablones de madera del embarcadero, cuyo suelo Angya no había vuelto a pisar desde que la fatalidad, once años atrás, le robara para siempre a su pequeño Jaime.

 
 
Alquiler de apartamentos
 
 
 
Textos breves
Luis de la Fuente
Alberto Garijo
 
Transcomunicación
Psicofonías y psicoimágenes
 
In Memoriam
In Memoriam
 
Enlaces de interés
Enlaces de interés
 
Contacto
staff[arroba]dosautores.com
 
Alquiler de apartamentos
 
Scooters de movilidad
 
Advertencia legal: todos los contenidos de esta página están sujetos a copyright.
Cualquier plagio de los textos o imágenes publicados en www.dosautores.com será puesto en conocimiento de los juzgados de Madrid y/o San Sebastián.
Esta actuación se hará extensiva a la publicación de la totalidad, o parte del texto, fuera o dentro de internet, sin consentimiento por escrito del correspondiente autor.
 
Ayudan a mantener este espacio en la red:
www.25kmh.es
www.alquilerplaya.com