Las imágenes mostradas bajo estas líneas fueron conseguidas
entre los años 1992 y 1994. La grabación de las imágenes anómalas sólo requirió
realizar un circuito cerrado de monitorización entre la cámara de vídeo
y el televisor empleado para la prueba, intercalando entre ambos una vídeo-grabadora
para registrar los resultados directamente en la cinta. En los campos de
retroalimentación que se producen al encuadrar la pantalla de televisión
con la cámara de vídeo es donde se formarán las paraimágenes, por lo que,
tras grabar dichos campos (entre uno y cinco minutos serán suficientes),
deberemos posteriormente visualizar el resultado imagen por imagen (cuadro
a cuadro).
Rostro claramente formado en la zona izquierda de la imagen.
Rostro en la zona derecha de la imagen que tampoco ha podido formarse por completo.
En esta imagen vemos un rostro más bien pequeño, en la zona superior derecha de la pantalla, que parece estar mirando hacia arriba.
Inmersa en el campo se aprecia un rostro de mujer que reconozco como mi abuela.
De nuevo, la abuela del experimentador en una imagen en la que comparo su fotografía, realizada probablemente alrededor de 1930, con la psicoimágen obtenida por mí y mostrada anteriormente.
Los primeros intentos de transcomunicación los llevé a cabo durante las navidades de 1989. La razón que me impulsó a iniciar las experiencias de grabación fue el fallecimiento repentino de Inma y Alvaro, dos personas jóvenes y llenas de proyectos cuyas pérdidas, coincidentes prácticamente en el tiempo, me dejaron profundamente marcado, hasta el punto de modificar incluso mi trayectoria profesional, por aquel entonces ligada al cine profesional. Con ambos tenía proyectos que el infortunio truncó de forma abrupta e inesperada. Tras estas pérdidas trágicas me dispuse a comprobar si la comunicación con las personas fallecidas podría ser posible, obteniendo mis primeros resultados tan sólo unos días después de iniciar las pruebas. En las grabaciones, efectuadas prácticamente en su totalidad en mi domicilio, empleé televisores, transistores desintonizados o ruido de agua como soporte. Para llevar a cabo las experiencias de grabación no son necesarios costosos equipos, pero sí grandes dosis de paciencia, constancia en la experimentación y por supuesto fe en el contacto. Resulta indispensable el empleo de auriculares para la escucha de las parafonías, pues éstas pueden estar enmascaradas por el ruido de soporte, por otra parte indispensable. Si desea saber cómo registrar las voces, pinche aquí. Si desea echar un vistazo a las psicoimágenes obtenidas por mí entre los años 1992 y 1994, pinche aquí. Si desea conocer las páginas de otras personas que llevan a cabo experiencias de transcomunicación, pinche en este otro enlace.